07 enero 2006

Ser como somos o como los demás quieren que seamos

El blog del psicólogo Luis Muiño, El hábitat del Unicornio, está lleno de reflexiones interesantísimas sobre el comportamiento humano y sobre aquello que nos hace felices o infelices en cada momento. Vale la pena leerlo y releerlo.

En las últimas entradas de ese blog, he encontrado varias referencias a ese tema: ser y actuar movidos por nuestro yo verdadero y profundo, o ser y actuar movidos por lo que los demás esperan de nosotros para conseguir así mejor nuestros objetivos. Os dejo aquí las citas:

(...) da igual donde uno vaya, siempre hay alguien que nos mira.
Ese alguien puede ser otra persona o puede ser uno mismo. En todo caso, si nos preocupamos mucho de esa pesada presencia, acabamos por seguir siendo siempre los mismos: el ojo que mira quiere reconocernos y eso nos presiona para no cambiar.
A lo largo de mi vida, ha habido momentos en que he conseguido olvidarme del ojo de Júpiter. He necesitado, eso sí, un par…de golpes.
En los momentos así, he conseguido dejar de ser esclavo de mi identidad y he vuelto a recordar que, como decía mi abuelo, las cosas hay que dejarlas en su sitio, no como estaban.
Estoy en uno de esos momentos.

(De PLANES PARA EL 2006(IV): OLVIDARME DEL OJO DE JÚPITER )


Poco a poco, los habitantes de este milenio vamos aceptando el placer que supone disfrutar, en ocasiones, de una sexualidad sin preámbulos y sin demasiadas palabras. A todos nos apetece, a veces, saltarnos el proceso de seducción. De hecho, para muchas personas estos rituales de cortejo necesarios para resultar atractivos resultan siempre poco atrayentes.
Y es que, entre nosotros, hay personas que se “automonitorean”, es decir, controlan y dirigen su conducta para lograr el efecto deseado en cualquier situación. Estos individuos suelen tener muchas parejas sexuales porque tienen un gran arte para manejar las primeras impresiones y encontrar “zonas comunes” con aquel a quien están seduciendo. Averiguan muy rápido que busca la otra persona y se lo dan. Y, obviamente les encanta seducir.
Pero también hay personas que se “automonitorean” menos, es decir, que no son nada camaleónicas y no se autocontrolan para parecer mejores. Estos individuos se guían por su yo más profundo y ése es el que le muestran a todo el mundo. Se comportan siempre de forma muy parecida y son más sinceras. Pero pagan un precio por ello: les cuesta más seducir.
Estos últimos son los que sienten que el coqueteo no es lo suyo y agradecen mucho esta apertura al sexo sin envoltorios del mundo moderno. Porque así pueden dedicarse a lo que más les gusta: el sexo. Para estas personas, la seducción es una etapa más del sexo que quieren superar lo más velozmente posible para adentrarse en la parte más sabrosa del asunto. Los menos autocontrolados y seductores ponen mucho más interés en el sexo. Han dosificado fuerzas en el cortejo y llegan sobrados de energías y ganas al momento del placer. Allí es donde dan todo lo que tienen.

Lo dicho: que no se puede estar en todo. Y sería una buena noticia que en este milenio empezara a haber sitio para los que están a una cosa…y a la otra.


(De SIN PALABRAS )

Dejando a un lado el hecho de que Luis Muiño me haya redescubierto las razones por las que soy tan poco seductor ;-)) , creo que "automonitorearse" o estar pendiente del ojo que nos mira y de sus expectativas es uno de los caminos que conducen inevitablemente al sufrimiento y a la infelicidad, a pesar de los inconvenientes (esa falta de éxito con los demás) que inevitablemente trae intentar ser más auténtico consigo mismo y con los demás.

¡Cuántas pequeñas negociatas basadas en seguir aparentando ante alguien o ante nosotros mismos que somos lo que no somos mantenemos y cuánto sufrimiento nos cuestan!

Es un excelente propósito de Año Nuevo: liberarse de esas negociatas para disfrutar realmente del placer de muchos momentos, de mucha gente y de nosotros mismos.