08 enero 2006

Sobre personas y sentimientos

Los autores de este blog tenemos el gusto, entre muchos otros, de conversar anónimamente con diferentes personas a través de internet, usando el correo electrónico, o mensajería instantánea, a veces incluso telefonía IP o videoconferencia con webcam. Ya lo decía en una entrada anterior: pocas veces se encuentra una persona especial en la vida, y aún menos veces se encuentra una persona especial en estos encuentros virtuales. Pero a veces sucede, y además siempre está bien conocer a más gente con la que vivir más momentos especiales.

En esas aventuras con gente por la red, a veces se tienen conversaciones que nos hacen reflexionar. Hace unos días, alguien me dijo lo siguiente: "Entre nosotros no hay sentimientos, no hay más que eso, un contacto virtual."

¿Estarán los contactos virtuales ausentes de sentimientos? ¿Estará alguna relación humana, sea virtual o real, ausente de sentimientos? No lo creo. Las personas, todas las personas, tienen sentimientos. En todas las relaciones, virtuales o no, hay sentimientos, más fuertes o menos fuertes, de un tipo o de otro, pero sentimientos. Hacia todo el mundo que se conoce, se conozca mucho o poco, se tienen sentimientos. Ni siquiera la forma en que nos trata una persona con la que nos cruzamos una única vez por la calle nos deja indiferentes. Ni tampoco la gente que encontramos todos los días en nuestros quehaceres cotidianos y que sólo conocemos de eso. A mí no me dejaría indiferente que la chica de la panadería, por ejemplo, me tratase a patadas, ni dejaría nunca de ser delicado y simpático con ella por pensar que, seguramente, le resultará indiferente, pues entre ella y yo "no hay sentimientos".

Ese es el problema de afirmaciones como esa: demasiadas veces la "ausencia de sentimientos" es una disculpa para no tomarnos el "trabajo" de tratar al otro como a un ser humano.

Pero sobre todo, ante esa afirmación surge en mí la siguiente pregunta: ¿por qué algunas personas buscan, en internet o por otros medios, esa ilusión de las relaciones "sin sentimientos"? ¿Por qué quieren acallar sus sentimientos, cauterizar sus emociones? Para no sufrir, tal vez. Para no arriesgar nada, tal vez. Pero eso, una vez más, es una ilusión. Si uno reprime y niega los sentimientos en sus relaciones con los demás, no sufrirá ni se arriesgará a que se vea afectada su imagen y su identidad. Pero tampoco disfrutará ni encontrará la felicidad de los momentos especiales que viene siempre cargada de sentimientos.

Que nadie piense que cuando digo "sentimientos" me refiero a sentimientos metidos dentro de patrones convencionales, nada de eso. No se trata de "amor", o "amistad"... Se trata de aceptar las emociones que cada persona y cada momento crea en nosotros, y de ser delicado y respetuoso con los demás pensando siempre que encontrarse con nosotros y vivir momentos juntos crea emociones. Nada más.

Leí hace poco en una entrada del blog "El hábitat del Unicornio" un comentario que se aplica a esto de lo que estoy hablando, aunque estuviera allí para explicar un comportamiento de moda entre los adolescentes norteamericanos:

Lo peor del asunto es que la explicación del fenómeno es, más bien, tautológica: las personas que se cortan lo hacen porque…se cortan. Es decir, se auto-lesionan porque reprimen las emociones y hacerse heridas les ayuda a expresarlas. De hecho, el fenómeno no es nuevo: en todas las sociedades en las que no es fácil manifestar sentimientos, las personas más sensibles han encontrado una forma de expresarse y sentirse vivas infligiéndose dolor. Los cilicios de las religiosas, los dolorosos tatuajes de ciertas etnias africanas y el brutal anillado de las niñas yanomami tienen ese fin. A través del sufrimiento físico, los sentimentales de muchas épocas y lugares han conseguido saciar su sed de expresión emocional.
El dolor nos hace liberar endorfinas, opiáceos naturales que nos desinhiben y nos ayudan a exteriorizar emociones. De hecho, hay muchas sensaciones agradables en momentos de dolor que son explicables por este mecanismo: el segundo aliento del corredor de fondo, los efectos anestésicos de la acupuntura y el placer del masoquismo son efectos de la segregación de endorfinas.
En el mundo euroamericano se va imponiendo un modelo duro de individuo: no llora, es fuerte e independiente, no se deja llevar por los sentimientos y está centrado en sus objetivos. El tío y la tía dura reprimen sus emociones porque el amor es ciego, pero los vecinos no. Eso sí: después, en la intimidad, ambos necesitan métodos artificiales para segregar endorfinas y sentirse vivos.


Pues eso mismo se encuentra a veces en la red: gente que reprime sus emociones y no se deja llevar por sus sentimientos, sólo por sus "objetivos", sean cuales fueren. Yo prefiero asumir que de una manera u otra, todas las relaciones humanas, virtuales o no, traen consigo sentimientos, y no esconder la cabeza bajo la arena como el avestruz para ver si así consigo relacionarme con la gente sin sentir nada (ni dolor ni placer).

07 enero 2006

Ser como somos o como los demás quieren que seamos

El blog del psicólogo Luis Muiño, El hábitat del Unicornio, está lleno de reflexiones interesantísimas sobre el comportamiento humano y sobre aquello que nos hace felices o infelices en cada momento. Vale la pena leerlo y releerlo.

En las últimas entradas de ese blog, he encontrado varias referencias a ese tema: ser y actuar movidos por nuestro yo verdadero y profundo, o ser y actuar movidos por lo que los demás esperan de nosotros para conseguir así mejor nuestros objetivos. Os dejo aquí las citas:

(...) da igual donde uno vaya, siempre hay alguien que nos mira.
Ese alguien puede ser otra persona o puede ser uno mismo. En todo caso, si nos preocupamos mucho de esa pesada presencia, acabamos por seguir siendo siempre los mismos: el ojo que mira quiere reconocernos y eso nos presiona para no cambiar.
A lo largo de mi vida, ha habido momentos en que he conseguido olvidarme del ojo de Júpiter. He necesitado, eso sí, un par…de golpes.
En los momentos así, he conseguido dejar de ser esclavo de mi identidad y he vuelto a recordar que, como decía mi abuelo, las cosas hay que dejarlas en su sitio, no como estaban.
Estoy en uno de esos momentos.

(De PLANES PARA EL 2006(IV): OLVIDARME DEL OJO DE JÚPITER )


Poco a poco, los habitantes de este milenio vamos aceptando el placer que supone disfrutar, en ocasiones, de una sexualidad sin preámbulos y sin demasiadas palabras. A todos nos apetece, a veces, saltarnos el proceso de seducción. De hecho, para muchas personas estos rituales de cortejo necesarios para resultar atractivos resultan siempre poco atrayentes.
Y es que, entre nosotros, hay personas que se “automonitorean”, es decir, controlan y dirigen su conducta para lograr el efecto deseado en cualquier situación. Estos individuos suelen tener muchas parejas sexuales porque tienen un gran arte para manejar las primeras impresiones y encontrar “zonas comunes” con aquel a quien están seduciendo. Averiguan muy rápido que busca la otra persona y se lo dan. Y, obviamente les encanta seducir.
Pero también hay personas que se “automonitorean” menos, es decir, que no son nada camaleónicas y no se autocontrolan para parecer mejores. Estos individuos se guían por su yo más profundo y ése es el que le muestran a todo el mundo. Se comportan siempre de forma muy parecida y son más sinceras. Pero pagan un precio por ello: les cuesta más seducir.
Estos últimos son los que sienten que el coqueteo no es lo suyo y agradecen mucho esta apertura al sexo sin envoltorios del mundo moderno. Porque así pueden dedicarse a lo que más les gusta: el sexo. Para estas personas, la seducción es una etapa más del sexo que quieren superar lo más velozmente posible para adentrarse en la parte más sabrosa del asunto. Los menos autocontrolados y seductores ponen mucho más interés en el sexo. Han dosificado fuerzas en el cortejo y llegan sobrados de energías y ganas al momento del placer. Allí es donde dan todo lo que tienen.

Lo dicho: que no se puede estar en todo. Y sería una buena noticia que en este milenio empezara a haber sitio para los que están a una cosa…y a la otra.


(De SIN PALABRAS )

Dejando a un lado el hecho de que Luis Muiño me haya redescubierto las razones por las que soy tan poco seductor ;-)) , creo que "automonitorearse" o estar pendiente del ojo que nos mira y de sus expectativas es uno de los caminos que conducen inevitablemente al sufrimiento y a la infelicidad, a pesar de los inconvenientes (esa falta de éxito con los demás) que inevitablemente trae intentar ser más auténtico consigo mismo y con los demás.

¡Cuántas pequeñas negociatas basadas en seguir aparentando ante alguien o ante nosotros mismos que somos lo que no somos mantenemos y cuánto sufrimiento nos cuestan!

Es un excelente propósito de Año Nuevo: liberarse de esas negociatas para disfrutar realmente del placer de muchos momentos, de mucha gente y de nosotros mismos.