24 agosto 2006

¿Adiós al Hábitat del Unicornio? ¿O hasta luego?

El excelente blog del psiquiatra Luis Muiño, al que hacía referencia en algunas de las entradas anteriores, El Hábitat del Unicornio (el antiguo), parece haber sido borrado, y ha aparecido uno nuevo con una entrada de prueba fechada en junio de 2006: el nuevo puede verse aquí. No sé si su autor recuperará al menos algunos de los textos anteriores, pero es una pena que desaparezcan de la red.

08 enero 2006

Sobre personas y sentimientos

Los autores de este blog tenemos el gusto, entre muchos otros, de conversar anónimamente con diferentes personas a través de internet, usando el correo electrónico, o mensajería instantánea, a veces incluso telefonía IP o videoconferencia con webcam. Ya lo decía en una entrada anterior: pocas veces se encuentra una persona especial en la vida, y aún menos veces se encuentra una persona especial en estos encuentros virtuales. Pero a veces sucede, y además siempre está bien conocer a más gente con la que vivir más momentos especiales.

En esas aventuras con gente por la red, a veces se tienen conversaciones que nos hacen reflexionar. Hace unos días, alguien me dijo lo siguiente: "Entre nosotros no hay sentimientos, no hay más que eso, un contacto virtual."

¿Estarán los contactos virtuales ausentes de sentimientos? ¿Estará alguna relación humana, sea virtual o real, ausente de sentimientos? No lo creo. Las personas, todas las personas, tienen sentimientos. En todas las relaciones, virtuales o no, hay sentimientos, más fuertes o menos fuertes, de un tipo o de otro, pero sentimientos. Hacia todo el mundo que se conoce, se conozca mucho o poco, se tienen sentimientos. Ni siquiera la forma en que nos trata una persona con la que nos cruzamos una única vez por la calle nos deja indiferentes. Ni tampoco la gente que encontramos todos los días en nuestros quehaceres cotidianos y que sólo conocemos de eso. A mí no me dejaría indiferente que la chica de la panadería, por ejemplo, me tratase a patadas, ni dejaría nunca de ser delicado y simpático con ella por pensar que, seguramente, le resultará indiferente, pues entre ella y yo "no hay sentimientos".

Ese es el problema de afirmaciones como esa: demasiadas veces la "ausencia de sentimientos" es una disculpa para no tomarnos el "trabajo" de tratar al otro como a un ser humano.

Pero sobre todo, ante esa afirmación surge en mí la siguiente pregunta: ¿por qué algunas personas buscan, en internet o por otros medios, esa ilusión de las relaciones "sin sentimientos"? ¿Por qué quieren acallar sus sentimientos, cauterizar sus emociones? Para no sufrir, tal vez. Para no arriesgar nada, tal vez. Pero eso, una vez más, es una ilusión. Si uno reprime y niega los sentimientos en sus relaciones con los demás, no sufrirá ni se arriesgará a que se vea afectada su imagen y su identidad. Pero tampoco disfrutará ni encontrará la felicidad de los momentos especiales que viene siempre cargada de sentimientos.

Que nadie piense que cuando digo "sentimientos" me refiero a sentimientos metidos dentro de patrones convencionales, nada de eso. No se trata de "amor", o "amistad"... Se trata de aceptar las emociones que cada persona y cada momento crea en nosotros, y de ser delicado y respetuoso con los demás pensando siempre que encontrarse con nosotros y vivir momentos juntos crea emociones. Nada más.

Leí hace poco en una entrada del blog "El hábitat del Unicornio" un comentario que se aplica a esto de lo que estoy hablando, aunque estuviera allí para explicar un comportamiento de moda entre los adolescentes norteamericanos:

Lo peor del asunto es que la explicación del fenómeno es, más bien, tautológica: las personas que se cortan lo hacen porque…se cortan. Es decir, se auto-lesionan porque reprimen las emociones y hacerse heridas les ayuda a expresarlas. De hecho, el fenómeno no es nuevo: en todas las sociedades en las que no es fácil manifestar sentimientos, las personas más sensibles han encontrado una forma de expresarse y sentirse vivas infligiéndose dolor. Los cilicios de las religiosas, los dolorosos tatuajes de ciertas etnias africanas y el brutal anillado de las niñas yanomami tienen ese fin. A través del sufrimiento físico, los sentimentales de muchas épocas y lugares han conseguido saciar su sed de expresión emocional.
El dolor nos hace liberar endorfinas, opiáceos naturales que nos desinhiben y nos ayudan a exteriorizar emociones. De hecho, hay muchas sensaciones agradables en momentos de dolor que son explicables por este mecanismo: el segundo aliento del corredor de fondo, los efectos anestésicos de la acupuntura y el placer del masoquismo son efectos de la segregación de endorfinas.
En el mundo euroamericano se va imponiendo un modelo duro de individuo: no llora, es fuerte e independiente, no se deja llevar por los sentimientos y está centrado en sus objetivos. El tío y la tía dura reprimen sus emociones porque el amor es ciego, pero los vecinos no. Eso sí: después, en la intimidad, ambos necesitan métodos artificiales para segregar endorfinas y sentirse vivos.


Pues eso mismo se encuentra a veces en la red: gente que reprime sus emociones y no se deja llevar por sus sentimientos, sólo por sus "objetivos", sean cuales fueren. Yo prefiero asumir que de una manera u otra, todas las relaciones humanas, virtuales o no, traen consigo sentimientos, y no esconder la cabeza bajo la arena como el avestruz para ver si así consigo relacionarme con la gente sin sentir nada (ni dolor ni placer).

07 enero 2006

Ser como somos o como los demás quieren que seamos

El blog del psicólogo Luis Muiño, El hábitat del Unicornio, está lleno de reflexiones interesantísimas sobre el comportamiento humano y sobre aquello que nos hace felices o infelices en cada momento. Vale la pena leerlo y releerlo.

En las últimas entradas de ese blog, he encontrado varias referencias a ese tema: ser y actuar movidos por nuestro yo verdadero y profundo, o ser y actuar movidos por lo que los demás esperan de nosotros para conseguir así mejor nuestros objetivos. Os dejo aquí las citas:

(...) da igual donde uno vaya, siempre hay alguien que nos mira.
Ese alguien puede ser otra persona o puede ser uno mismo. En todo caso, si nos preocupamos mucho de esa pesada presencia, acabamos por seguir siendo siempre los mismos: el ojo que mira quiere reconocernos y eso nos presiona para no cambiar.
A lo largo de mi vida, ha habido momentos en que he conseguido olvidarme del ojo de Júpiter. He necesitado, eso sí, un par…de golpes.
En los momentos así, he conseguido dejar de ser esclavo de mi identidad y he vuelto a recordar que, como decía mi abuelo, las cosas hay que dejarlas en su sitio, no como estaban.
Estoy en uno de esos momentos.

(De PLANES PARA EL 2006(IV): OLVIDARME DEL OJO DE JÚPITER )


Poco a poco, los habitantes de este milenio vamos aceptando el placer que supone disfrutar, en ocasiones, de una sexualidad sin preámbulos y sin demasiadas palabras. A todos nos apetece, a veces, saltarnos el proceso de seducción. De hecho, para muchas personas estos rituales de cortejo necesarios para resultar atractivos resultan siempre poco atrayentes.
Y es que, entre nosotros, hay personas que se “automonitorean”, es decir, controlan y dirigen su conducta para lograr el efecto deseado en cualquier situación. Estos individuos suelen tener muchas parejas sexuales porque tienen un gran arte para manejar las primeras impresiones y encontrar “zonas comunes” con aquel a quien están seduciendo. Averiguan muy rápido que busca la otra persona y se lo dan. Y, obviamente les encanta seducir.
Pero también hay personas que se “automonitorean” menos, es decir, que no son nada camaleónicas y no se autocontrolan para parecer mejores. Estos individuos se guían por su yo más profundo y ése es el que le muestran a todo el mundo. Se comportan siempre de forma muy parecida y son más sinceras. Pero pagan un precio por ello: les cuesta más seducir.
Estos últimos son los que sienten que el coqueteo no es lo suyo y agradecen mucho esta apertura al sexo sin envoltorios del mundo moderno. Porque así pueden dedicarse a lo que más les gusta: el sexo. Para estas personas, la seducción es una etapa más del sexo que quieren superar lo más velozmente posible para adentrarse en la parte más sabrosa del asunto. Los menos autocontrolados y seductores ponen mucho más interés en el sexo. Han dosificado fuerzas en el cortejo y llegan sobrados de energías y ganas al momento del placer. Allí es donde dan todo lo que tienen.

Lo dicho: que no se puede estar en todo. Y sería una buena noticia que en este milenio empezara a haber sitio para los que están a una cosa…y a la otra.


(De SIN PALABRAS )

Dejando a un lado el hecho de que Luis Muiño me haya redescubierto las razones por las que soy tan poco seductor ;-)) , creo que "automonitorearse" o estar pendiente del ojo que nos mira y de sus expectativas es uno de los caminos que conducen inevitablemente al sufrimiento y a la infelicidad, a pesar de los inconvenientes (esa falta de éxito con los demás) que inevitablemente trae intentar ser más auténtico consigo mismo y con los demás.

¡Cuántas pequeñas negociatas basadas en seguir aparentando ante alguien o ante nosotros mismos que somos lo que no somos mantenemos y cuánto sufrimiento nos cuestan!

Es un excelente propósito de Año Nuevo: liberarse de esas negociatas para disfrutar realmente del placer de muchos momentos, de mucha gente y de nosotros mismos.


20 noviembre 2005

Sin minusvalías para el sentimiento

Hace unos días contemple un hecho que me emocionó profundamente y me hizo plantearme las siguientes preguntas:
¿Existen minusvalías para los sentimientos?
¿Quién siente amor más puro, los minusválidos psiquicos o aquéllos que tenemos raciocinio y sin querer o no podemos procesar nuestros sentimientos?
¿Por qué los más válidos complicamos a veces tanto las cosas que sentimos?
y un montón de preguntas mas que puede uno plantearse al contemplar la siguiente escena que paso a contar:
Viniendo de mi trabajo paso por una calle en donde hay un centro de integración de minusválidos psiquicos, estaba parada en un semáforo y cruzó una pareja de dos chicos (varones) uno con síndrome de down y el otro con clara minusvalía psiquica, eran jóvenes, como de unos 20-22 años, iban abrazados y hablando de "sus cosas" al llegar a la altura de mi coche se pararon y se fundieron en un abrazo y un beso, se acariciaron las mejillas y se sonrieron, pero fué con tal ternura que a mi me estremeció ver la expresión de aquéllos rostros que se supone imperfectos o en cierto modo inexpresivos ... ¡qué confundidos estamos!, en muy pocas ocasiones he visto en un rostro tanta pureza de sentimientos, tanto amor, tanta dulzura y tanta capacidad de expresar y estoy segura que todo es porque esas personas en su minusvalìa pueden no tener capacidad para hacer un cálculo matemático, para no entender muchas veces una conversación, para tener dificultades para expresarse oralmente, pero creo que tienen una hipervalidez para expresar sentimientos, emociones y estados de ánimo sin falta de otras habilidades ni capacidades y los que nos consideramos "válidos" para esta sociedad tenemos mucho que aprender de ellos, pues la capacidad de amar, de dar, de entrega, de sentir, etc no es controlable por el nivel de capacidad mental que tengamos las personas.

07 octubre 2005

V A L O R

Hace muchos años leí un texto que he recordado siempre y que me ha dado mucho que pensar. A continuación lo transcribo por si puede ayudar a alguién.

V A L O R
¿ Por qué será que la vida de casi todos los hombres está controlada por circunstancias pequeñas y sin importancia ?
Me da mucha tristeza cuando observo que las personas pierden las cosas buenas y grandes que están a su alcance y que sí pudieran ser suyas si sólo tuvieran "un poquito de valor".
El hombre mediocre, "hombre promedio", es al que me quiero referir. Él es el que tiene tan poca estimación de sí mismo que no confía en sus propios pensamientos ni juicios y en el análisis final debe depender de otras fuentes para tomar sus decisiones. Es el hombre que está gobernado por la muchedumbre. Es el hombre que tiene cierto grado de éxito sólo cuando se ve atrapado en lo alto de una ola ocasionada por algunos individuos excepcionales que sí saben dirigirse a sí mismos.
Es el hombre que tiene una actitud positiva únicamente cuando está ante la presencia de individuos positivos, pero cuando se le deja solo "cae de rodillas ante su negatividad". Es el hombre que vende su derecho de nacimiento (sus propios pensamientos) por temor de lo que él cree que su vecino pueda pensar.
Es el hombre que se para derecho cuando lo instigan las acciones de la muchedumbre, pero está aterrorizado con el silencio de su propia presencia.
Es el hombre que sigue pero teme ser su lider, es el hombre que esconde sus hazañas con la tapa de la nobleza ya que su falta de honradez lo imposibilita para que trate con la verdad y con la realidad.
Es el hombre que grita "injusto" cuando no ha logrado sus propósitos. Es el hombre gobernado por las circunstancias.
Los hombres fuertes crean las circunstancias que sirven para sus necesidades y sus deseos. Si usted es un hombre de circunstancia, la curación de esta enfermedad es el "valor".
El valor es la expresión humana más hermosa. El valor es "un acto frente al temor". Sólo necesitamos valor cuando tememos, lo que siginifca que necesitamos valor casi todo el tiempo, porque siempre tememos algo.
He descubierto que el temor se acobarda cuando se enfrenta a un pequeño acto de valor y además el músculo del valor se desarrolla con el uso contínuo.
El consejo que me doy a mí mismo es: "Haz las cosas que temes y sigue haciéndolas hasta que ya no las temas, y entonces llegarás a ser el maestro de tu destino"
El valor es el ingrediente que separa al débil del fuerte; a la persona de éxito del fracasado; al grande del promedio.
Todas las cosas que usted desea en su vida tienen una palanca, la cual está diseñada para la mano del hombre de "valor".
El temor es el estar vivo, el actuar contra ese temor es el ser hombre.
Alguien dijo: "Más vale honra sin barcos, que barcos sin honra".
William Penn Patrick

25 septiembre 2005

¿Qué ha sido de los baúles de nuestra adolescencia?

¿Qué ha sido de los objetos que guardábamos como tesoros en nuestra adolescencia? ¿Dónde están aquella cajitas, fotografías, recuerdos?
¿Qué queda de aquellos recuerdos en nuestros corazones?
NAVEGANTE

Los objetos de mi adolescencia, con el paso del tiempo, sólo están guardados en mis recuerdos y mi corazón: aquéllas entradas de cine, aquél tiket de autobús de la primera vez que piré clases, posavasos, aquélla foto hecha con la polaroid o esa cazadora que era igual de la de aquél chico que me hacía tilin, ese patuco de bebé color azul que con todas nuestras ilusiones de ser madre, algún día, nos repartimos mi mejor amiga y yo prometiéndonos que a la primera que fuese madre la otra le regalaría el juego, esas fotos de mi ídolo, aquél billete de 100 ptas. que me regaló mi abuela un año por reyes y que por estar tan nuevo y querer guardarlo para siempre sin que se estropease para tenerlo como recuerdo suyo plastifiqué y usaba de marcalibros, ese reloj de bolsillo que una vez le desmonté a mi padre y que no volvió a funcionar, una pulsera "esclava" de plata grabada con mi nombre a la que le cogí manía porque siempre que la llevaba no tenía un buen día, esos libros que tenía en sitio privilegiado en mi estanteria "La vida sale al encuentro" "Una chabola en Bilbao" "Viven".
Tantos y tantos recuerdos que aunque no estén en su cajita guardados si están presentes en mi mente y que han sido testigos de mi paso por la adolescencia.
MARADAY

11 septiembre 2005

Gentes, palabras y sonrisas

Mis momentos especiales tienen siempre algo que ver con gente: gente que te sonríe; gente que te habla; gente que se escribe; gente que te abre su corazón aunque sea tan sólo por un instante; gente que te acompaña; que te recibe; que se despide; que se cruza contigo en mil lugares; que te acaricia; que se deja acariciar; que te pide una caricia.

Detrás de cada libro, de cada canción, de cada blog, de cada página en internet, incluso de cada tecnología y de cada objeto, hay gente con sus vidas y con sus historias, gente que se comunica con nosotros y con la que (con)vivimos.

Demasiadas veces hay también a nuestro alrededor gente sola (¿recordáis la canción "Gente sola" de Pedro Guerra?). Porque tenemos demasiados miedos y prejuicios para abrirnos a la gente que nos rodea, a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros vecinos, a la gente que el azar pone en nuestro camino y que nos necesita como nosotros los necesitamos a ellos. Porque hay demasiadas presiones y cortapisas para que la gente se relacione en libertad con quien quiera y como quiera. Y por ello preferimos sumergirnos en la red para encontrar gente escondiéndonos en un anonimato que nos permite ser realmente nosotros mismos - o también, ¿por qué no?, ser lo que no somos y nos gustaría ser.

A veces, pocas veces, encuentras en la vida una persona especial. A veces, aún menos veces, encuentras en la red una persona especial con la que vivir esos momentos. Porque, como en la famosa sevillana de Los Romeros de la Puebla, en la red más que en la vida, "a veces, muchas veces, más de cuatro veces, todas las cosas no son como parecen".

Por eso, encontrar en la red a alguien muy especial que te abra su corazón y te hable desde él y te sonría y te acaricie con sus palabras es un momento muy, muy especial, que hay sin duda que celebrar.